Iglesia Santa Felicitas, Casa Colegio

Un hecho trágico, como fue la muerte de Felicitas Guerrero, su verdadero nombre era Felicia Antonia Guadalupe Guerrero y Cueto, viuda de Martín de Alzaga, dio origen a la construcción de este magnífico templo, que levantaron sus padres, Carlos José Guerrero y Felicitas Cueto y Montes de Oca, en su memoria.
A mediados del siglo XIX, los terrenos que hoy ocupan la iglesia, el colegio que queda a sus espaldas, y la plaza, eran propiedad de Felicitas Guerrero. Su belleza y fortuna la hicieron víctima de un drama pasional que aquí contamos:
Felicitas, su historia
En 1862, Felicitas con sólo 15 años es obligada por su padre a casarse con Martín Gregorio de Alzaga, de 60 años (nieto de aquel Martín de Alzaga que encabezó la conspiración en contra del gobierno revolucionario de Mayo y que fue fusilado y ahorcado en la plaza de la Victoria -hoy de Mayo- el 6 de Julio de 1812).
A los nueve meses de esa unión ella dio a luz al primogénito, Félix Francisco Solano de Alzaga, que llevó el nombre de su tío el patriotota General Félix de Alzaga. A muy corta edad, en octubre de 1869, el niño falleció víctima de la epidemia de fiebre amarilla que azotó el Sur de la ciudad de Buenos Aires en esos tiempos. Felicitas al poco tiempo quedo nuevamente embarazada. Nació así su segundo hijo Martín, que murió días después. El corazón de su marido no resistió y falleció el 17 de marzo de 1870 sumido en una depresión.
Felicitas con 26 años y luego de un riguroso luto, comenzó a asistir a reuniones de la sociedad. Era famosa por su dulzura, buen carácter y belleza. Fue denominada como -la joya de los salones porteños- En una de esas reuniones, a la que fue invitado el dandy: Enrique Ocampo, tío de las escritoras Victoria y Silvina Ocampo, este le declaró su amor a Felicitas. A partir de ese momento comenzó a acosarla con su presencia en todos los lugares a los que ella concurría. Él le expresó que “si no le permitía ser el sol de su amor, sería su sombra”.
En enero del año 1872 Felicitas organizaba en su estancia “La Postrera” ubicada a orillas del río Salado en la localidad de Chascomus, Sur de la provincia de Buenos Aires, una pomposa fiesta con motivo de la inauguración de un puente (NdelA: en 2004 fue removido pero se mantuvo su estructura destinándola como reliquia patrimonial) que iba a realizar el Gobernador don Emilio Castro el día 2 de febrero. Ella sería la madrina. El puente de hierro llevaría el nombre del Coronel Ambrosio Cramer, militar que cayó en los campos de Chascomús durante los hechos de la Revolución de los Libres del Sur. La leyenda afirma que, en camino a "La Postrera" se desató una fuerte tormenta que les hace perder el rumbo, y que la partida desorientada se encuentra con un hombre que los conduce a todos a refugiarse en su estancia. Este era Samuel Sáenz Valiente, estanciero y vecino de La Postrera que deslumbra a Felicitas.
El 29 de enero de 1872, Enrique Ocampo llega a la casa de Felicitas en Barracas, Tránsito Cueto, tía de la muchacha, lo hace pasar a la sala del caserón que daba al jardín –ubicado donde ahora está el mástil de la plaza Colombia– informándole que Felicitas había salido. En el momento en que Enrique se estaba por retirar, vio entrar a su rival Samuel Sáenz Valiente, el que se dirigió a la glorieta de la esquina de Pinzón a reunirse con otros visitantes.
Casi de inmediato, Enrique observó el ingreso de otro carruaje por el portón de la Calle Larga (hoy Montes de Oca), del cual bajó Felicitas. La tía corrió hacia ella para informarle sobre la inoportuna visita de Ocampo. La joven, ya muy presionada por el acoso de Ocampo decidió reunirse con él a solas para poner punto final a la situación.
Los invitados escucharon una discusión tras la puerta. Felicitas trató de escapar, pero recibió de Ocampo un disparo en la espalda que le perforó el pulmón derecho. Los médicos dijeron que era imposible sacar la bala y falleció al día siguiente. El asesino se suicidó. Los Ocampo afirmaron siempre que Enrique encontró la muerte de mano de un familiar de Felicitas. Esto no podremos saberlo ya que el expediente de la cusa fue robado del juzgado.
La familia Guerrero, que hereda la fortuna de Alzaga, construye ese mismo año el oratorio privado de la familia, y en 1876 en los fondos de la quinta, se inaugura la Iglesia Santa Felicitas, construida en memoria de la hija asesinada. En 1889, los Guerrero donan la fracción de terreno detrás de la iglesia a una congregación de padres lourdista, para que construya una réplica de la gruta de Lourdes y un instituto.
Finalizado en 1903, el lugar había contraído tantas deudas, que fue rematado por el Banco Hipotecario Nacional, y fue adquirido por la Sociedad de beneficencia San Vicente de Paul, que cedió el uso del lugar a una congregación de hermanas religiosas.
Ese mismo año comenzó a funcionar el Comedor Obrero en los túneles, y la Casa de Obreras en los pisos superiores donde se encontraba el instituto de enseñanza de bordados, el internado de huérfanas, el Patio del Salvador, y el Templo interno de estilo neogótico
Leyenda
El 30 de enero, es la fecha de la muerte de Felicitas, los vecinos de Barracas aseguran haber visto su fantasma, que vaga ensangrentado por los jardines de la iglesia.
“Muchas mujeres cuelgan cintitas de la reja, porque si uno se agarra fuerte conseguirá el amor de su vida, y si ya lo tiene, lo conservará. Es una de las historias preferidas por las chicas, que corren a agarrarse de las rejas apenas la escuchan”, dice una nota del diario Clarín.
Podemos creer o no en espectros. Pero no se sorprendan si cuando vayan a conocerla escuchan el repicar de las campanas fuera de cualquier horario lógico. Algunas vecinas que alimentan los gatos que se crían frente a la plaza Colombia afirman que quienes se agarra de las rejas consigue novio. Otros más osados dicen haber dejado un pañuelo colgado en las rejas y al día siguiente lo encontraron mojado. ¿Rocío o lágrimas?
El padre Dante Galeazzi, cura de Santa Felicitas dijo al matutino Clarín en el año 2004, al reabrir la iglesia después de que estuvo cerrada y abandonada por más de una década, y cuenta que las apariciones “son puras habladurías”.
Carlos Andrada, vecino de la calle Pinzón, relató al mismo periódico: “Fue en febrero de 1999. Alcancé a ver una figura que parecía ser la de una mujer de semblante pálido y cabellos oscuros”. Lucrecia y Donata, dos hermanas costureras de la zona, tienen una relación casi “familiar” con el fantasma de Felicitas. Nunca se retiran sin persignarse frete al altar y besar la estatura de Felicitas. Y cómo no, si ellas siguieron la costumbre de aferrarse a las rejas de la iglesia para encontrar novio, y lo consiguieron. “Le agradecemos porque nos ayudó con nuestros maridos. Además, a veces la vemos y es muy bonita, siempre vestida de blanco”.
Dicen que el padre Dante practica exorcismo. Un grupo de vecinos aseguró que en los días de luna llena se escuchan claramente los acordes del antiguo órgano
© 2009 Miguel Cabrera